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Hoy queremos compartir con vosotros y vosotras una anécdota de nuestro trabajo en la Asociación, donde con frecuencia afloran emociones como la rabia, el desconcierto, la decepción, la ira, la desesperación, la incertidumbre…Todas ellas las hemos compartido hoy en el despacho con una chica muy especial, una adolescente con todas esas emociones a flor de piel, como buena adolescente, pero sobre todo, con una personalidad arrolladora, una energía y decisión envidiables y una familia (madre y hermana) entregada y perdida ante tanta efervescencia adolescente.

Hoy nosotras, profesionales de Érguete, hemos dado poco y recibido mucho.

“Nuestra chica” colaboró con la Asociación para difundir el Programa PFIS para menores, donde se trabaja básicamente la modificación de determinadas conductas que pueden generar situaciones conflictivas, el consumo de cannabis, la búsqueda de alternativas personales y de ocio y se interviene para facilitar el día a día de familias y adolescentes que no acaban de hallar un punto de encuentro.

Esta chica ofreció su testimonio a los medios y éstos no dieron a la información el enfoque que ella esperaba, sintiendo invadida su intimidad y traicionada su confianza.

Su vida no es fácil, sus decisiones no siempre puede tomarlas libremente porque a menudo su entorno es el que condiciona sus respuestas, pero tanto ella como su familia acuden a nuestro servicio poniendo su tiempo, su ilusión y su esfuerzo en nuestras manos para que las cosas cambien. Me pregunto cuántos valientes como ella conocéis, cuántas personas son capaces de asumir que no están viviendo como desearían, que están cometiendo errores y que tienen que admitirlo y ponerse en manos de profesionales que les ayuden a mejorar. Seguro que conocéis a muchos y muchas que lo necesitan y a pocos que lo hagan. Si hacerlo no es merecedor del mayor respeto, ¿qué lo es?

Cualquiera que puede tener una responsabilidad en lo ocurrido les debe una disculpa, porque pedimos a nuestros menores respeto a la sociedad que les ha tocado vivir pero la sociedad debe respetarles primero, porque la herramienta más eficaz es el ejemplo.

Como miembros de la sociedad, como madres y hermanas os pedimos disculpas, a ti y a tu familia. Como trabajadoras te damos las gracias por haber demostrado hoy que nuestro trabajo merece la pena, trayéndonos tu frustración y tu rabia, para que juntas sigamos canalizando esas emociones y ayudando a que chicas tan valiosas como tú nos recordéis a los mayores que tenemos que escucharos y respetaros un poco más.

Equipo del Programa de Formación e Integración Social.